sábado, 7 de agosto de 2010

III JEC - Ponencias aceptadas

Es con un inmenso orgullo que les comentamos aquí las propuestas de ponencias que han sido aceptadas para estas III Jornadas de Economía Crítica.

Para quienes (como muchos de nosotros) gustan de las estadísticas:

Total de ponencias aceptadas = 177

Por países:
Argentina 135 77,1%
Brasil 17 9,7%
Chile 1 0,6%
Colombia 3 1,7%
México 11 6,3%
Uruguay 4 2,3%
Venezuela 4 2,3%

Por ejes temáticos:
1. Crisis mundial y estado 30 17,1%
2. Intervención estatal y políticas públicas 33 18,9%
3. Argentina: estructura social, etc. 41 23,4%
4. Desarrollo económico, mercado de trabajo, etc. 39 22,3%
5. Problemática del género 6 3,4%
6. Pedagogía y economía 28 16,0%

Para ver el listado completo de ponencias aceptadas, por favor ingresá acá.

lunes, 2 de agosto de 2010

El mundo bajo el prisma neoclásico

Reproducimos el artículo aparecido hoy en Página 12, con las opiniones de Leandro Bona (UNLP) y Mercedes D'Alessandro (UBA) sobre los Planes de Estudio en las carreras de Economía. Ambos colaboran con las Jornadas de Economía Crítica desde su primera edición en 2007.
Como ayer, sobre este tema recomendamos este otro post de este mismo blog y el documento que redactamos en el Encuentro Nacional de Planes de Estudio que realizamos en abril de 2010 en Mar del Plata.
 
Temas de debate: Qué se enseña en las carreras de Economía

El mundo bajo el prisma neoclásico

En el escenario nacional, resulta difícil encontrar un cuerpo consistente de programas de estudios que se caractericen por su amplitud y pluralidad. Por lo general, predomina una lógica de abordaje de “sentido común” vinculada con la escuela ortodoxa.

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Producción: Tomás Lukin
debate@pagina12. com.ar

Crisis de identidad

Por Leandro Marcelo Bona *

El advenimiento de la crisis que atraviesa el mundo desde hace más de dos años ha ratificado las dificultades que enfrentan las teorías económicas más difundidas para abordar este concepto. Exponentes del neoliberalismo y el neokeynesianismo identificaron el problema en el sector financiero, hecho que se puso en discusión en la reciente cumbre del G-20.

La noción de crisis asume un carácter exógeno o de “desvío del equilibrio” para la ortodoxia. Esto se sintetiza en la llamada teoría del Ciclo Real de Negocios, que entiende que las crisis surgen por efecto de shocks (siendo incapaces de describir la dinámica de los mismos) o bien en las denominadas Crisis de Primera, Segunda y Tercera generación, que hacen hincapié en ciertos condicionantes del sendero de crecimiento de una economía, y donde buena parte del cuerpo de sus argumentos está previamente esquematizado en heroicos supuestos de carácter irreal. La crisis, entonces, se define implícitamente como un “fenómeno” coyuntural posiblemente desconectado de las formas que encuentra el capital para recrearse y desarrollarse. De ahí que las posibles soluciones a las mismas se resuman, por ejemplo, en una nueva regulación de los mercados financieros para la crisis vigente.

A pesar de la sistematicidad de las crisis a lo largo y a lo ancho del mundo, y hacia delante y atrás en la historia de los últimos dos siglos, los exponentes de las líneas argumentales dominantes no ponen el acento en el posible carácter estructural o inherente a la lógica del capitalismo del surgimiento de las crisis. Para escuelas como la marxista, la estructuralista, la regulacionista y para algunos enfoques poskeynesianos, el concepto de crisis surge más bien como un modus operandi del capitalismo en su fase de reacomodamiento de ganancias y eliminación de competidores, en un proceso de concentración que no tarda en evidenciarse en la distribución del ingreso a escala planetaria.

Nuestro país ha sido un inmenso laboratorio de diversas y múltiples crisis durante toda su historia. Sin embargo, a pesar de estas innumerables experiencias, la formación en nuestros centros de estudios y fundamentalmente universidades, continúa divorciada de las visiones heterodoxas previamente mencionadas. Se trata de una paradoja de mayúscula envergadura: en uno de los países de mayor volatilidad y crisis recurrentes, la formación de economistas está desvinculada de su historia y sustentada en una única e importada cosmovisión de la ciencia económica. Esta realidad debe entenderse no sólo como un fenómeno limitado al campo del análisis de las crisis, sino como una problemática universal del conjunto de fundamentos estudiados en las carreras de Economía en las distintas facultades del país.

En el escenario nacional, resulta difícil encontrar un cuerpo consistente de programas de estudios que se caractericen por su amplitud y pluralidad. ¿Cuáles son las razones? En el comunicado elaborado por el Encuentro Nacional de discusión sobre Planes de Estudios de las Carreras de Economía (formado por estudiantes, docentes y graduados que organizan las Jornadas de Economía Crítica) se destacaba, entre otras cosas:
- La prácticamente nula cantidad de docentes con formación plural.
- La suscripción a una lógica de abordaje de la ciencia económica de “sentido común” vinculada con la escuela neoclásica u ortodoxa.
- La formación está apoyada (casi) únicamente en manuales que “edulcoran” y tamizan discusiones visiblemente más ricas en las obras originales.
- El escaso vínculo con otras ciencias, especialmente de índole social. En este sentido, se asocia a la ciencia económica con el campo de las ciencias duras.

A estas problemáticas, que reflejan las falencias propias del conjunto de nuestras universidades, se le debe incorporar una premisa fundamental que les da un sustento coherente: el rol político que tiene la formación de un profesional y, en este caso, el de un economista. La voluntad que han encontrado los exponentes de la heterodoxia para dotar de pluralidad a nuestras carreras más de una vez ha tropezado con los condicionantes políticos que promueven un modelo de formación sujeto a los intereses de ciertos sectores. Ejemplos de esto son el cierre de carreras de formación amplia, la expulsión y discriminació n de profesores heterodoxos y la avanzada por reducir contenidos en el grado para llevarlos a los posgrados, a lo largo de los últimos cuarenta años.

Una vez más, una crisis pone de relieve la discusión sobre la formación de nuestras carreras. Mientras no se prospere en este debate, en las facultades se seguirá aprendiendo que con una tenue regulación financiera blindaremos a la economía de las futuras crisis. Hasta que surja una nueva.

* Estudiante de la Lic. en Economía (UNLP). Miembro del Centro de Estudios para el Cambio Social (Cecso).

El modelo Crusoe

Por Mercedes D’Alessandro *

Los planes de estudios de las carreras de economía vigentes en la mayoría de las universidades (con honrosas excepciones) responden a un esquema de pensamiento neoclásico, neoliberal, que considera que el objetivo del economista es “administrar recursos escasos para satisfacer fines múltiples”. Esa es la definición de economía que se estudia en los libros de texto. Este fin se logra maximizando el placer de los individuos a través del consumo de bienes y maximizando la ganancia de la empresa a través de la mejor combinación de factores productivos. Se utilizan modelos en donde se supone que toda la sociedad es equivalente a analizar a un solo individuo en una isla, un Robinson Crusoe, y que la producción social entera es asimilable a su producción: los cocos que obtiene de la palmera que crece en su islita. Esto que parece un cuento de niños, complejizado en fórmulas matemáticas, estadísticas y econométricas, es lo que se estudia en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA.

Cuando se lo comento a amigos fuera del ámbito de la academia se sorprenden, les suena a una caricaturizació n de la cosa, hasta una exageración. Sin embargo, es lo que estudiamos y enseñamos en las carreras de economía. Esta caricatura sirve para discutir si el mercado es el mejor asignador de los recursos sociales, o lo es el Estado, si éste debe intervenir o no en los movimientos de las variables económicas, de qué manera. Esta visión de la economía tiene un sesgo ideológico muy pronunciado. Por una parte nos muestra un esquema de pensamiento en donde no hay conflicto de intereses. Este Robinson Crusoe es el trabajador, el capitalista, el dueño de la isla, ¡todo junto! ¿Cómo podría esta concepción explicarnos un piquete, un cacerolazo, cómo daría cuenta de los conflictos de distribución de ingreso que observamos en nuestro país a diario? No obstante, es la visión predominante y todo el fixture de materias se organiza en esta línea. Apenas se le dedican un par de asignaturas a analizar la estructura económica y social de nuestro país, o bien, la historia de sus políticas o procesos económicos. Ni hablar de Latinoamérica o sus autores, o teorías alternativas que explican los fenómenos económicos en vinculación con la política. Existen profesores desde luego que incorporan otras lecturas, sin embargo al no reflejarse en el plan de estudios oficial, hace que ellos mismos queden en offside constantemente desarrollando temas que no están en los programas, y que terminan superponiéndose y dándose de manera superficial.

Por otra parte, el enfoque tradicional entiende a la economía como una ciencia neutral, ajena a las cuestiones políticas, que plantea leyes económicas que parecieran imponerse al mundo como la ley de gravedad a los cuerpos, sin que medie ningún tipo de voluntad. Esta visión es un poco naïf si pensamos en la economía real: ¿el economista está fuera del mundo, desligado de intereses económicos, políticos y sociales? ¿Nosotros mismos lo estamos?

Pero entonces la cuestión es ¿qué es lo que esperamos de la universidad, qué espera la sociedad de ella? ¿Esperamos que forme científicos, políticos que busquen soluciones a los problemas que enfrentamos diariamente? O simplemente esperamos que forme trabajadores que atiendan las demandas de empresas privadas que buscan sostener sus niveles de ganancia a costa de salarios bajos, y sin ningún tipo de relación con ese ideal de una sociedad mejor para todos, inclusiva, etc.

Más allá de esta demanda, lo cierto es que docentes y estudiantes son los que llevan adelante el proceso de producción de conocimiento (científico) económico, y esto no es independiente de las decisiones que se toman por fuera del ámbito universitario. Si el ministro de Economía de turno o el gobierno, no aumentan el presupuesto de la universidad, la estructura ad honorem con la que funciona la mayor parte de la UBA tampoco permite desarrollar una carrera con carácter científico, crítico, generar investigación independiente. Si no hay salarios para todos, los que hay son bajos y las becas escasean, no hay incentivos para que el estudiante pueda proyectar una actividad académica.

Gran parte de los estudiantes está pidiéndole a la universidad lo que ella le está dando: una formación profesional para salir a trabajar (aunque con un título devaluado y con maestrías pagas). Otros (y los mismos) le piden algo que no les está dando: herramientas para solucionar el mundo, para solucionar los problemas de la pobreza, desocupación, etc. Lo que produce la universidad es conocimiento, el problema es al servicio de quién está puesto este conocimiento y cómo podemos hacer para apropiarnos realmente de él. No quisiera pintar al economista como el héroe que podrá salvarnos de las miserias que nos generamos, simplemente plantear que si esperamos colaboración en esta área de la ciencia, tenemos que replantearnos ¿qué se estudia en economía, y cómo se adapta la carrera a las necesidades sociales?

* Economista Facultad de Ciencias Económicas-UBA.

domingo, 1 de agosto de 2010

Economistas mueven el debate hacia el interior de la ciencia

Reproducimos a continuación un artículo del Diario La Capital. Del debate sobre el plan de estudios de la Lic. en Economía de la UNR participó Sergio Arelovich, miembro del comité de organización de estas III Jornadas de Economía Crítica. 
Respecto del estado actual de los Planes de Estudio de las Lic. en Economía de las Universidades Nacionales de todo el país, recomendamos este otro post de este mismo blog y el documento que ahí puede bajarse.


Jorgelina Hiba / La Capital


Con cada vez menos certezas teóricas a la vista, un pequeño grupo de docentes e investigadores formados en la universidad pública local debatieron sobre la confección de la currícula de la carrera de grado de los economistas en uno de los módulos de las jornadas organizadas en mayo pasado por el Instituto de Economía del Colegio de Graduados del Consejo Profesional de Ciencias Económicas. Con contrapuntos interesantes entre los defensores de las doctrinas neoclásicas y los adherentes a lecturas más heterodoxas, la mesa buscó echar luz sobre la historia de la carrera, los objetivos académicos planteados desde las diferentes instituciones de enseñanza y la dirección a seguir para no perderle el ritmo a un mundo definitivamente en crisis.
 
Un debate de fondo
La licenciatura en Economía apareció como opción en la UNR durante la década del 60, en un principio más como una desviación de la formación de los contadores que como una carrera autónoma. Una mancha de nacimiento que todavía hoy predomina en la currícula de la universidad pública, tal como lo explicó Lidia Romero, de esa facultad. Esa característica, muy propia a la educación que los economistas reciben en la Argentina, tiene, según argumentó Sergio Arelovich, implicancias sobre el enfoque a futuro de los profesionales de las ciencias económicas.
Para el docente rosarino las licenciaturas en economía en la Argentina son un caso particular, ya que en todas las universidades públicas nacieron como subproductos de la formación para contador. “Ese rasgo provee a esta carrera de un doble sesgo: por un lado, nació alejada del interés por los procesos sociales, por su perfil más técnico. Y por el otro, despoja a la economía de su esencia, que es lo social”, apuntó.
 
Ortodoxia y mirada crítica
A partir de allí, uno de los puntos centrales del análisis fue el contenido teórico que los centros de enseñanza deciden ofrecer a sus alumnos. Según Diego Marcos, formado en la UNR y actualmente director de la licenciatura en Economía de la Universidad del Centro Educativo Latinoamericano (Ucel), el contenido académico básico que todo alumno de economía debe transitar debe incluir “lo normal”, aunque admitió que la economía es una ciencia que se reinventa todo el tiempo que necesita de manera obligada mirar lo que pasa más allá de las fronteras locales.
Por un camino parecido transcurrió el argumento de Lidia Romero, quien resaltó que el objeto de la profesión de los economistas es poder aprehender las problemáticas económicas y buscar soluciones siempre dentro de un encuadre de ciencias sociales en las que el principal involucrado es el ser humano.
“Nuestros graduados deben finalizar sus estudios con sólidos conocimientos de los enfoques teóricos predominantes, para luego poder especializarse”, dijo la docente.
En la vereda de enfrente de las líneas de pensamiento que adhieren a las concepciones neoclásicas de entender y analizar la economía, Arelovich —profesor de Economía Política de la UNR— insistió sobre la necesidad de pluralizar los contenidos, algo que entiende está en los fundamentos mismos de una institución como la Universidad, sobre todo en carreras de ciencias sociales. “Los programas deben ser más plurales desde lo conceptual. Hoy todo lo que se estudia es neoclásico, que es la corriente predominante, aunque la realidad económica insiste en demostrarnos casi a diario que hay que abandonar las certezas y ensayar una mirada mucho más crítica. Es necesario revisar el legado neoclásico pero no para reemplazarlo por otra ortodoxia, si no para ampliar la mirada”, puntualizó.
 
Entre lo global y lo local
Para Diego Marcos, la manera de encarar la enseñanza de la economía debe preocuparse por encontrar un equilibrio entre algunos conceptos básicos bien claros, y una apertura al mundo que hoy aparece como condición indeclinable para integrarse al planeta global: “Hay que despertar la curiosidad, resaltar el valor agregado de la diversidad. Se terminó la universidad que se mira al ombligo”, afirmó Marcos, para quien ya no hay lugar para los diseños cerrados, y en cambio lo obligatorio es que ese diseño “contenga y tenga en cuenta la cultura de la que viene cada persona”.
“Trabajamos un concepto aperturista pero que funciona siempre a partir de una lógica local”, lo que para el académico significa que si bien el plan de estudios debe incluir las últimas tendencias, siempre tiene que quedar en claro el origen.
Según Arelovich, una de las claves para pensar qué contenidos deben incluir las currículas pasa por un proceso de revertir el criterio dominante de construcción del conocimiento. Amparado en una de las más famosas frases del pedagogo brasileño Paulo Freire, el docente parafraseó: “Es necesario desarrollar una pedagogía de la pregunta. Siempre estamos escuchando una pedagogía de la respuesta. Los profesores contestan a preguntas que los alumnos no han hecho”, una idea que ilustró con el ejemplo de la instauración de la idea de que existe una tasa natural de desempleo emanada casi de un “orden natural” y poco o nada cuestionada desde los ámbitos de la intelectualidad universitaria.
 
Dos tendencias
Otra de las tensiones que marcaron el pulso del debate fue el perfil de conocimientos que los graduados deben —o no— adquirir a lo largo de sus años de estudio. Según la opinión de Marcos, en la actualidad existe una hiperespecialización en el mercado laboral, lo que va contra una formación según su visión demasiado generalista: “Ya sea por el lado de los que eligen la investigación, o bien por el lado de los técnicos o analistas, queda claro que los alumnos tendrán que seguir estudiando y especializándose”.
Para Romero, el campo de acción está delimitado también por quienes se inclinan por los peritajes y los análisis, pero siempre acompañados de una profundización posterior. “Nuestro plan está estructurado en tres ciclos: un introductorio común, un básico en el que se profundizan los conocimientos de las teorías económicas predominantes, y la especialización”.
De esta última dependerá en buena parte los campos laborales elegidos, que según Romero van desde la academia pura y dura —, la administración pública y el sector privado, con predominancia en el comercio de cereales, la industria y las siderometalúrgicas.